Me llamo Emely y hoy no tengo vergüenza.

“Si pasas de los cinco años quizás eres muy inteligente para leer estas líneas y ya no hay nada que te haga pensar diferente” al menos eso dice mi mamá.
Hoy mi país, República Dominicana, tiene mi nombre por todos lados, en redes, radio, televisión y en cualquier grupo de personas al que te aproximas, retumba el nombre de Emely, la protagonista de una historia digna de lamentar, una noticia por la que nadie quiere ser conocida.
Quién era realmente mi tocaya y lo qué pasaba por su cabeza y por su corazón, nadie, absolutamente nadie, lo sabrá. Sus padres, sus amigos, su amor -quien es el presunto asesino-contarán la historia desde su punto de vista, desde su realidad. Y todo al final serán opiniones, que cada quien valorará distinto y pondrá el matiz de maldad o bondad, según sus propias experiencias y prejuicios.
Puedes dejar de leer y ser indiferente, o puedes reflexionar y entender, todo dependerá de tu realidad.Para esta Emely, aún hay esperanza.

MI OPINION
Dentro del horrendo desenlace de la vida de Emely hay un elemento común: LA VERGÜENZA y mientras este sentimiento exista en los seres humanos, habrá esperanza. Porque una vez que te visita y toca a tu puerta, es ahí donde aparecen los valores.
Porque sin valores, no hay vergüenza.
A los 20 años quedé embarazada y la vergüenza de ser juzgada por mis padres, mis hermanos, mis amigos, en vez de tumbarme, me ayudo a defenderme. Y aunque me defendí, también herí. Cobijada por el miedo y el rechazo a “no hacer bien las cosas” y no cumplir con las expectativas de mi entorno, este sentimiento me perseguía y me acechaba. Pero me defendí. Luché por mí, por mi hija y por la familia que en ese momento empezaría.
Un caso no muy diferente al de Emely, hoy ya sin vida, quien seguramente en su momento, cuando se vio embarazada a sus cortos 16 años, experimentara esa vergüenza y por difícil que parezca creerlo, el padre y la abuela de la criatura –madre del principal sospechoso- también la compartían.
Ahora bien, ¿qué hacemos cuando la vergüenza nos visita? Que, desnuda y sin avisar, casi siempre acompañada llega a la fiesta con su esposo: el miedo. ¿Cómo respondemos a ese encuentro?

Por lo que he vivido, puedo decirles que esa respuesta está íntimamente relacionada a nuestros valores. Yo elegí tener a mi hija, respeté su vida. Asumí las consecuencias de mis decisiones. Por suerte, su padre me amaba y al casarnos también traía un sistema de valores hacia la vida. No sólo la de él, sino también la mía, y la de nuestra hija.
Después de ocho años de matrimonio, nos dimos cuenta que nuestra relación no funcionaba. Aunque nos separamos, el padre de mi hija y yo fuimos grandes amigos, y hasta socios. Lo único NO compartido era la intimidad. Sin embrago, seguíamos siendo una familia, unos padres para nuestra hija.
Esta realidad chocó contra el país, y lo que dejó fue indignación, pero también reflexiones diversas. Hay quienes alzan su voz para pedir a los jóvenes que esperen hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales, pero también surgen otras opiniones que crucifican estas ideas. Les reitero en que nada es garantía.
Conozco vidas amarradas a una religiosidad cuya realidad es otra, pero también conozco vidas que sin conocer a Dios, son ejemplo de paz y amor. Pero ser objetivos, cuesta. Y más cuando no sabes a quién creerle.
Hoy a mis 41 años, mi experiencia, mi historia, me ayudan a reflexionar sobre esta joven Emely, y cómo entregó su confianza, su intimidad, a quien no la valoró. Mi realidad, me ayuda a pensar en el novio de Emely como aquel hombre, a quien la vergüenza ante la situación del embarazo, le estropeaba las expectativas de lo que él quería con su vida y asimismo, el miedo actuó junto a su sistema de valores, y le ofreció a buscar la manera de salir de "ese lio". También pensó así, su madre quien ante su propia vergüenza, lo ayudaría ante las cámaras a ocultar lo sucedido. Ahora, la ley de los hombres encontrará como juzgarlos.


Si eres joven y me estás leyendo, te ruego pienses en las dos Emely que hoy conoces, dos realidades distintas, pero un mismo deseo: el de ser amadas y respetadas. Estás a tiempo de decidir qué hacer con tu sexualidad. No la uses como un premio, o un pago a lindas palabras o a muestras de afectividad. Conozco personas llenas de optimismo y vitalidad, que por no saber qué hacer con la sexualidad, por no tener con quien hablar, por no creer que sí existen hombres con valores iguales a los tuyos, han perdido su color.
Y sí hoy adulta, puedo entender la diferencia de poner tu confianza en Dios y no en los hombres, me costó crecer, y aún me cuesta hacerlo. Mi realidad me ha ayudado a entender con amor otras realidades. Aprendí a entender que hacer con mi vergüenza con Brene Brown y que hacer con mi esperanza con mi Biblia y la fe que me inculcaron mis padres.

¡POR FAVOR!
Si no eres tan joven, ayuda a otros que como tú fueron adolescentes, preséntales referencias sanas, entiende sus dudas, no los juzgues, apoya sus personalidades, recuerda no imponer sino, comprender, recuérdales cómo amar y respetar la vida. No todos los jóvenes son iguales, no todos tienen los adultos con buen ejemplo cerca. Y aun teniéndolos, no hay garantía de que decidirán con sus vidas.
Pero, los que como yo recibimos por bendición buenos padres, vivimos dudas, y reaccionamos ante las incoherencias de lo que te dicen, contra lo que ves. Cuando pienso en la Emely joven que era, recuerdo como justificaba todo lo que hice, culpando a mis padres. Hoy como adulta, sé que no fue culpa de ellos, también sé que vidas como las de Emely y la de su madre, muestran el control que solo Cristo da ante cada situación de adversidad. Hoy cómo adulta aún me queda mucho por aprender sobre lo que es confiar y no confiar en los seres humanos.

A mi hija adorada, que amo con todo mi ser, sé no puedo pedirle sea como yo, ni que haga lo que hacen otros, sobre todo aquellos que lo han "hecho mejor que yo". Solo puedo ofrecerle mi apoyo ante cualquier duda, miedo, adversidad y vergüenza. Hoy su padre ya no está en la Tierra, pero sé desde allá cuida de ella y si estuviera en vida es todo lo que le ofrecería. Como adulta, sólo me queda ganar su confianza, y a ella como joven que es, le queda pensar antes de actuar.

Al final todos somos Emely, aunque no lleves el nombre. Hoy un ángel llamado Emely le entregó valor a mi nombre, y hoy mi nombre no tiene vergüenza para expresar mi verdad. No busco aprobación, ni audiencia, solo comparto mi experiencia para que nadie más la cuente a su manera, para que reflexionen con mi historia y la de Emely, y decidan que hacer con la vergüenza.

Proyectos que pueden ayudar a superar la vergüenza, y transformarla en la esperanza que yo conozca en mi isla?

  • Claudia Simó y su Proyecto Familiar: Quiéreme Bonito
  • Los Grupos Juveniles de las Iglesias; mi hermano Eduard y su esposa dan testimonio con su vida acompañada con Dios en Siervos del Amor de Cristo.
  • Masiel Mateo y su Biblia Creativa, ocupa a los jóvenes en temas humanamente sanos.
  • Encuentro Católico para Matrimonios celebra su 40 Aniversario.

¿Conoces algún otro enlace que quieran compartir? Si bien el horror hay que reconocerlo, es nuestro deber dar opciones.

¡Comparte esperanza!


Crea y Rie

Emely Munoz


15 comentarios

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  • Muchas gracias. ?Como puedo iniciar sesion?

    cbxiaepadj
  • Amiga hermoso! Tr pido permiso para compartimo. Te quiero y te admiro mucho 😘😘😘

    Patricia Tió
  • Maravilloso artículo,
    Dios te siga bendiciendo …y te permita continuar siendo ejemplo para otros.

    Jacqueline De Peña

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